Cuando la vida nos agobia, no tenemos que avergonzarnos ni escondernos.
Incluso las personas más fuertes y más sólidas atraviesan momentos difíciles.
En esos momentos, lo primero es no aislarnos. Porque cuando nos quedamos solos dentro de lo que nos pasa, la mente puede empezar a agrandar el problema y a contarnos historias que nos quitan perspectiva.
Hablar con alguien que sentimos que puede escucharnos con afecto, compartir cómo estamos y permitirnos mostrar nuestra vulnerabilidad puede ayudarnos a ver la situación desde otro lugar.