Los investigadores del MIT han vuelto a demostrar que Leonardo da Vinci tenía razón, esta vez en relación con su diseño de lo que en su época habría sido un puente revolucionario. Aunque sus clientes rechazaron la propuesta en su momento, más de 500 años después los investigadores han probado que su puente habría funcionado.
El célebre hombre del Renacimiento trabajaba gracias al mecenazgo de grandes figuras, como Ludovico Sforza, duque de Milán, quien le encargó la pintura de “La última cena”. Pero Leonardo no quería limitarse a los patronos italianos. Cuando el sultán Bayezid II, del Imperio otomano, lanzó una solicitud de propuestas para construir un puente que uniera la capital, Constantinopla (hoy Estambul), con la ciudad vecina de Gálata, Leonardo vio la oportunidad de conseguir el contrato.
La propuesta de Leonardo era radicalmente distinta a la de los puentes habituales de la época. Según explica el equipo del MIT, tendría unos 218 metros de longitud, aunque ninguno de estos sistemas de medida existía entonces) y habría consistido en un arco aplanado “lo bastante alto como para permitir el paso de un velero con el mástil erguido... pero capaz de salvar el amplio tramo con un solo arco gigantesco”, según un comunicado del propio MIT.