El silencio es una forma elegante de decir “no me importa”.
A veces es una forma de responder y otras una forma de huir. Puede calmar o romper por dentro.
En muchas ocasiones es un arma destructiva que no discute ni grita pero genera inseguridad, dudas y una sensación difícil de explicar.
El silencio nunca es neutro. Es una forma de comunicación muy poderosa. Y el problema no es el silencio en sí, sino lo que provoca en quien lo recibe.
Porque cuando no hay respuesta es la mente la que se encarga de completar ese vacío que deja el silencio y lo suele hacer con suposiciones, miedos, traumas no resueltos o historias que no siempre son reales.