domingo, 18 de octubre de 2026

Cuando la vida nos agobia, no tenemos que escondernos.

 Cuando la vida nos agobia, no tenemos que avergonzarnos ni escondernos.

Incluso las personas más fuertes y más sólidas atraviesan momentos difíciles.


En esos momentos, lo primero es no aislarnos. Porque cuando nos quedamos solos dentro de lo que nos pasa, la mente puede empezar a agrandar el problema y a contarnos historias que nos quitan perspectiva.

Hablar con alguien que sentimos que puede escucharnos con afecto, compartir cómo estamos y permitirnos mostrar nuestra vulnerabilidad puede ayudarnos a ver la situación desde otro lugar.


A veces no cambia de inmediato lo que ocurre fuera, pero sí cambia la forma en la que lo vemos por dentro.

Y hay algo más: incluso en medio de la dificultad, preguntarnos cómo podemos ayudar a alguien que también lo está pasando mal puede abrir una posibilidad nueva.

Porque la esperanza muchas veces empieza cuando dejamos de vivir a solas lo que nos pesa.


COMENTARIOS:

Lo que más aísla no suele ser el problema, es la vergüenza de contarlo. Yo he tocado fondo más de una vez, y lo más duro fue decirlo en voz alta. Al contarlo deja de ser un secreto que te vigila y te agobia y pasa a ser algo con lo que ya puedes trabajar para mejorar. Y esto aplica tanto a distintas facetas de la vida. 


Fácil de decir y difícil de hacer.


La vergüenza impide contárselo a otro, y aunque uno se fuerce a hacerlo, el otro puede fácilmente caer en incomprensión, o incluso verse sobrepasado por la intensidad emocional de lo que le hemos contado, en cuyo caso pasará a la ofensiva: a darnos consejos, juzgarnos y presionarnos para hacer lo que él o ella piensa teóricamente que haría en nuestra situación.


Hay que elegir muy bien a quién le contamos el problema, y hay que intentar hacerlo de tal forma que no le echamos encima todo el miedo, dolor o rabia que nos produce el problema. No "vomitárselo" encima para buscar un alivio que el otro no nos puede dar.


Como primer paso ayuda escribir. Es un espacio seguro donde expresar las emociones sin ser juzgado y sin afectar a nadie con ellas.


Luego buscar personas o entornos con capacidad de sostén emocional. Una línea de ayuda, un grupo terapéutico gratuito cercano, o alguien menos cercano a nuestra vida habitual, y por ello, menos arriesgado.


Y entrar en el relato despacio, alerta a las señales de rechazo o estrés de la otra persona para dar marcha atrás y buscar a otro más capaz de sostenernos, acompañarnos y ayudarnos a calmarnos.

También hacer cosas que nos calmen y nos relajen.


Fuente:

Artículo: "Cuando la vida nos agobia, no tenemos que avergonzarnos ni escondernos." Publicado en linkedin por Mario Alonso Puig el 25 ago 2026. Consultado el 02 sep 2026.

URl: https://lnkd.in/p/eaucXAZk


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