Filósofo, pedagogo, orador, abogado y senador, le tocó vivir un tiempo muy difícil de la historia de Roma. Son muchos los filósofos que han demostrando la sinceridad de sus enseñanzas con el ejemplo de sus vidas; en el caso de Séneca, las circunstancias le pusieron en numerosas ocasiones frente a frente con sus principios y siempre salió victorioso
En los turbulentos primeros siglos de nuestra era, el Imperio Romano abarca un inmenso territorio donde la civilización se alza en todo su esplendor. En su corazón, Roma, una serie de emperadores visten la púrpura, mientras a su alrededor el lujo y la opulencia hacen declinar los antiguos valores netamente romanos hacia una corrupción cada vez más evidente y peligrosa. Frente a esto se alza la filosofía estoica, cuyas severas enseñanzas alientan a los hombres a cultivar la virtud, la sencillez y la templanza, a fin de evitar la decadencia. Séneca, uno de sus máximos exponentes, dedicará su vida a esta tarea, no sólo en el ámbito privado, sino en los más altos estratos de la vida pública, con la firme convicción de que una verdadera educación filosófica puede conducir a los hombres hacia el buen gobierno y la prosperidad general. Si bien él no pudo ver los frutos de su trabajo, emperadores posteriores como Trajano, Adriano o Marco Aurelio sí llevarían a la práctica sus sueños, y ninguno de ellos dudaría en colocar a Séneca como uno de los grandes exponentes morales y filosóficos de la tradición romana.
sábado, 4 de julio de 2015
El estoicismo entre los romanos. Séneca
Séneca, Epitecto y Marco Aurelio, sin ser los únicos, fueron los principales representantes del estoicismo greco-romano.
Séneca (Lucio Anneo), que floreció en el primer siglo del Cristianismo, fue natural de Córdoba. Sus padres fueron Marco Anneo Séneca, que enseñó la retórica en Roma en tiempo de Augusto, y Helvia, que contaba entre sus ascendientes a la madre de Cicerón. Llevado a Roma por su padre, Séneca se dedicó en su juventud a la elocuencia, en la cual llegó a sobresalir; pero habiendo sabido que sus discursos excitaban los celos y la suspicacia de Calígula, abandonó el foro para dedicarse al estudio de la Filosofía, en la cual hizo rápidos progresos. Habiendo tomado parte después en la vida pública, fue nombrado cuestor, lo cual no impidió que fuera desterrado a Córcega, en donde permaneció siete años, por haber sido acusado, con razón o sin ella, por Mesalina, de tener relaciones ilícitas con Julia, hija de Germánico. Llamóle a Roma Agripina para ecargarle la educación de su hijo Nerón, cuyos instintos de sanguinaria crueldad conoció desde luego, pero no supo o no pudo corregir. A pesar de su profesión de estoicismo, la conducta del filósofo cordobés mientras permaneció al lado de Nerón, fue más propia de un discípulo de Epicuro que de un estoico. Sin embargo, ni sus lisonjas y bajezas, ni sus grandes tesoros, ni los millares de esclavos que poseía, pudieron libertarle de los caprichos sanguinarios de su discípulo. Acusado, con razón o sin ella, de tener parte en la conspiración de Pisón, recibe orden de abrirse las venas, sin que se le permitiera siquiera hacer testamento, y muere a los sesenta y cinco años de edad con estoica o dramática impasibilidad, dictando un discurso en que rebosan sublimes máximas morales y cierta magnaminidad propias del orgullo estoico.
Séneca (Lucio Anneo), que floreció en el primer siglo del Cristianismo, fue natural de Córdoba. Sus padres fueron Marco Anneo Séneca, que enseñó la retórica en Roma en tiempo de Augusto, y Helvia, que contaba entre sus ascendientes a la madre de Cicerón. Llevado a Roma por su padre, Séneca se dedicó en su juventud a la elocuencia, en la cual llegó a sobresalir; pero habiendo sabido que sus discursos excitaban los celos y la suspicacia de Calígula, abandonó el foro para dedicarse al estudio de la Filosofía, en la cual hizo rápidos progresos. Habiendo tomado parte después en la vida pública, fue nombrado cuestor, lo cual no impidió que fuera desterrado a Córcega, en donde permaneció siete años, por haber sido acusado, con razón o sin ella, por Mesalina, de tener relaciones ilícitas con Julia, hija de Germánico. Llamóle a Roma Agripina para ecargarle la educación de su hijo Nerón, cuyos instintos de sanguinaria crueldad conoció desde luego, pero no supo o no pudo corregir. A pesar de su profesión de estoicismo, la conducta del filósofo cordobés mientras permaneció al lado de Nerón, fue más propia de un discípulo de Epicuro que de un estoico. Sin embargo, ni sus lisonjas y bajezas, ni sus grandes tesoros, ni los millares de esclavos que poseía, pudieron libertarle de los caprichos sanguinarios de su discípulo. Acusado, con razón o sin ella, de tener parte en la conspiración de Pisón, recibe orden de abrirse las venas, sin que se le permitiera siquiera hacer testamento, y muere a los sesenta y cinco años de edad con estoica o dramática impasibilidad, dictando un discurso en que rebosan sublimes máximas morales y cierta magnaminidad propias del orgullo estoico.
Séneca, el filósofo del tirano
Una de las figuras más importantes del siglo I es la de Séneca, el último gran filósofo en lengua romana. Quiso actuar en la vida pública y fue el preceptor y el ministro más odiado por los emperadores. Extraña figura, a menudo detestada en la Antigüedad, en la que una tradición aristocrática, contra la que lucha Tácito, le acusa de hipocresía.
Séneca no es filósofo de profesión, sino un magistrado como Cicerón, un hombre de acción que conoció de forma violenta y variada todas las realidades de la vida. Nacido en los comienzos del siglo, hijo de un célebre retórico, es español de origen y representa en Roma a las provincias occidentales en el momento en que adquieren una importancia decisiva: es un ciudadano del mundo. En su juventud atendió la llamada de la sabiduría mística -pitagorismo, influencias egipcias, quizá judaísmo- y estuvo a punto de ser víctima de Sejano, y después de Calígula. Su ambición, o su prestigio, le llevan a mezclarse con los peores dramas de la corte: le acusaron, bajo Claudio, de ser el amante de una princesa imperial que murió víctima de este agravio y fue exiliado a Córcega. Desde allí, sin declararse culpable, suplicaba al poder que le permitiera regresar.
Séneca no es filósofo de profesión, sino un magistrado como Cicerón, un hombre de acción que conoció de forma violenta y variada todas las realidades de la vida. Nacido en los comienzos del siglo, hijo de un célebre retórico, es español de origen y representa en Roma a las provincias occidentales en el momento en que adquieren una importancia decisiva: es un ciudadano del mundo. En su juventud atendió la llamada de la sabiduría mística -pitagorismo, influencias egipcias, quizá judaísmo- y estuvo a punto de ser víctima de Sejano, y después de Calígula. Su ambición, o su prestigio, le llevan a mezclarse con los peores dramas de la corte: le acusaron, bajo Claudio, de ser el amante de una princesa imperial que murió víctima de este agravio y fue exiliado a Córcega. Desde allí, sin declararse culpable, suplicaba al poder que le permitiera regresar.
viernes, 3 de julio de 2015
Las decisiones más importantes de nuestra vida
A lo largo de nuestra vida nos vemos en la necesidad de tomar una innumerable serie de decisiones. Unas sencillas y otras no tanto; algunas nos provocan alegría y placer, el resto y quizá la gran mayoría de ellas nos causan conflicto, preocupación e incluso tristeza.
“La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida, en contextos: Como el laboral, familiar, sentimental o empresarial.
A nivel individual se caracteriza por el hecho de que una persona haga uso de su razonamiento y pensamiento, para elegir una solución a un problema que se le presente en la vida”.
En mi opinión, considero que la mayoría de las personas tomamos decisiones basadas en nuestros afectos y emociones; nuestro estado de ánimo, aunado a nuestro arraigado carácter. Esto hace que la toma de nuestras decisiones no siempre sean las correctas y adecuadas a la situación, cuyo resultado en la totalidad de los casos nos provoca frustración, enojo, decepción, entre otros sentimientos negativos.
“La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida, en contextos: Como el laboral, familiar, sentimental o empresarial.
A nivel individual se caracteriza por el hecho de que una persona haga uso de su razonamiento y pensamiento, para elegir una solución a un problema que se le presente en la vida”.
En mi opinión, considero que la mayoría de las personas tomamos decisiones basadas en nuestros afectos y emociones; nuestro estado de ánimo, aunado a nuestro arraigado carácter. Esto hace que la toma de nuestras decisiones no siempre sean las correctas y adecuadas a la situación, cuyo resultado en la totalidad de los casos nos provoca frustración, enojo, decepción, entre otros sentimientos negativos.
Libro: “Historias de filósofos”
Artículo que trata sobre el libro “Historias de filósofos” publicado en www.filosofia.mx.
“Historias de filósofos” no es un libro de Filosofía, aunque en la narración de los avatares de la vida de los pensadores estudiados se traslucen sus ideas y sus especulaciones mentales. “El conocimiento de la vida y la personalidad de un filósofo no nos ahorra nada del esfuerzo que hay que hacer para comprender sus argumentos. Pero ocurre que, contra lo que a veces se cree, muchos filósofos importantes han sido también hombres interesantes que vivieron vidas dignas de ser contadas”, anuncia Pablo da Silveira al introducir las narraciones que tienen por protagonistas a Sócrates, Eloísa y Abelardo, Santo Tomás de Aquino, Spinoza, David Hume, Soren Kierkegaard y Ludwig Wittgenstein.
El primer capítulo está dedicado a descubrir por qué mataron a Sócrates. “El problema que mató a Sócrates es enorme y profundo, hasta el punto de que hoy lo seguimos discutiendo. ¿Dónde se encuentra la verdadera libertad individual? ¿En la riqueza de una vida personal que consigue la perfecta autonomía y se desentiende de la opinión de los demás? ¿O en la búsqueda con los otros que dé significado a nuestros hallazgos y ponga sentido a nuestras metas?”
“Historias de filósofos” no es un libro de Filosofía, aunque en la narración de los avatares de la vida de los pensadores estudiados se traslucen sus ideas y sus especulaciones mentales. “El conocimiento de la vida y la personalidad de un filósofo no nos ahorra nada del esfuerzo que hay que hacer para comprender sus argumentos. Pero ocurre que, contra lo que a veces se cree, muchos filósofos importantes han sido también hombres interesantes que vivieron vidas dignas de ser contadas”, anuncia Pablo da Silveira al introducir las narraciones que tienen por protagonistas a Sócrates, Eloísa y Abelardo, Santo Tomás de Aquino, Spinoza, David Hume, Soren Kierkegaard y Ludwig Wittgenstein.
El primer capítulo está dedicado a descubrir por qué mataron a Sócrates. “El problema que mató a Sócrates es enorme y profundo, hasta el punto de que hoy lo seguimos discutiendo. ¿Dónde se encuentra la verdadera libertad individual? ¿En la riqueza de una vida personal que consigue la perfecta autonomía y se desentiende de la opinión de los demás? ¿O en la búsqueda con los otros que dé significado a nuestros hallazgos y ponga sentido a nuestras metas?”
jueves, 4 de junio de 2015
Tesalónica
Cuentan los historiadores que allá por el año 352 a.C. el rey Filipo II de Macedonia, padre del mítico Alejandro Magno, venció a su enemigo Licofrón II, tirano de Tesalia, en una de las batallas más sangrientas registradas de la antigüedad. Según la leyenda, Filipo recibió ese mismo día la noticia del nacimiento de una hija de su quinta esposa, o concubina, Nikisípolis de Feres (o Nicesípolis de Feras). Entonces Filipo ordenó que le pusieran de nombre “Tesalónica”, en griego; Θεσσαλονίκη, uniendo las palabras Θεσσαλία (Tesalia) y νίκη (victoria), que significa “victoria sobre Tesalia”, para conmemorar aquel día histórico del gran éxito en la campaña militar de expansión territorial de su reino hacia el sur de la Hélade.
Tres decenios después, en el año 316 a.C., la princesa Tesalónica fue tomada en matrimonio por Casandro, un general de su fallecido hermanastro mayor Alejandro Magno y que se había autoproclamado rey de Macedonia en un golpe de Estado en el año 305 a.C.
Fue Casandro de Macedonia quién fundó en el año 315 a.C. la ciudad con el nombre de Tesalónica en honor a la reina homónima y para conmemorar su matrimonio. Casandro eligió construir la nueva ciudad helenística en el mismo corazón del Golfo Termaico, donde se hallaba un antiguo asentamiento conocido como Termi (Thermi), y cerca de una necrópolis con restos de la Edad de Bronce (2200 a.C.) en la colina de Tumba, barrio donde vivo… Tesalónica gozaba de una situación geográfica estratégica al sur de los Balcanes, en una encrucijada de rutas comerciales por tierra y con un puerto seguro en el mar Egeo. Rápidamente se convirtió en una próspera metrópoli helenística decisiva para el reino de Macedonia.
Tres decenios después, en el año 316 a.C., la princesa Tesalónica fue tomada en matrimonio por Casandro, un general de su fallecido hermanastro mayor Alejandro Magno y que se había autoproclamado rey de Macedonia en un golpe de Estado en el año 305 a.C.
Fue Casandro de Macedonia quién fundó en el año 315 a.C. la ciudad con el nombre de Tesalónica en honor a la reina homónima y para conmemorar su matrimonio. Casandro eligió construir la nueva ciudad helenística en el mismo corazón del Golfo Termaico, donde se hallaba un antiguo asentamiento conocido como Termi (Thermi), y cerca de una necrópolis con restos de la Edad de Bronce (2200 a.C.) en la colina de Tumba, barrio donde vivo… Tesalónica gozaba de una situación geográfica estratégica al sur de los Balcanes, en una encrucijada de rutas comerciales por tierra y con un puerto seguro en el mar Egeo. Rápidamente se convirtió en una próspera metrópoli helenística decisiva para el reino de Macedonia.
El Edicto de Tesalónica
Constantino y el fin de la persecución
A principios del siglo IV, Constantino I había terminado con la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos. En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador había decretado la libertad de culto para los cristianos.
A cambio de esto, Constantino tomó parte en las disputas que ya existían en el seno de la iglesia, convocando en 325 el Concilio de Nicea. En este concilio se desterraron las tesis arrianas que negaban el carácter divino de Jesús como parte consustancial de Dios. A pesar de ello, el cisma arriano se prolongaría al menos hasta el siglo VI, y no terminaría hasta la muerte del último de los monarcas arrianos: el rey visigodo Leovigildo. Del Concilio de Nicea se originaría el llamado Credo Niceno, último punto de encuentro entre las iglesias de oriente y occidente.
A principios del siglo IV, Constantino I había terminado con la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos. En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador había decretado la libertad de culto para los cristianos.
A cambio de esto, Constantino tomó parte en las disputas que ya existían en el seno de la iglesia, convocando en 325 el Concilio de Nicea. En este concilio se desterraron las tesis arrianas que negaban el carácter divino de Jesús como parte consustancial de Dios. A pesar de ello, el cisma arriano se prolongaría al menos hasta el siglo VI, y no terminaría hasta la muerte del último de los monarcas arrianos: el rey visigodo Leovigildo. Del Concilio de Nicea se originaría el llamado Credo Niceno, último punto de encuentro entre las iglesias de oriente y occidente.
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