viernes, 14 de diciembre de 2012

La religión sumeria y acadia

Aunque no poseemos ningún tratado que nos hable acerca de la religión de sumeria y acadia, sí que nos legaron largas listas en las que aparecen escritos los nombres de sus Dises, así como escribieron himnos y mitos que reflejan su cosmovisión y creencias. Igualmente algunas obras de arte como los sellos cilindricos nos aportan información sobre rituales y escenas religiosas. Si bien estos elementos son muy valiosos, sólo nos permiten haceros una idea aproximada de la religión entre sumerios y acadios, quedando muchas zonas envueltas en una oscura penumbra. Por si fuera poco, la intrusión de elementos ajenos, en especial semitas, dificulta sobremanera la labor del investigador.
La religión sumeria está ya muy desarrollada hacia el III milenio a.C., reflejando un sistema de creencias característico de una sociedad agrícola y ganadera en la cual la naturaleza ocupa un lugar destacado. Por esto muchas deidades tenían que ver con elementos naturales relacionados con la agricultura  (dioses ctónicos, andróginos) o la ganaderia (dioses cósmicos y celestes).



 La importancia de agricultura y ganadería para los sumerios hace que un elemento, el agua, se alce como un factor importante en la religión sumeria. Y lo mismo ocurre con el acto sexual, principio natural reproductor.
Estas grandes fuerzas se complementan con otras como tierra, aire y fuego.


Fuente: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/7574.htm

 Dioses

 Los dioses sumerios eran representados con caracteres antropomorfos y en sus actitudes se manifestaban como humanos. La organización del territorio a partir de una serie de ciudades-estado hizo que la religiosidad sumeria careciese de una organización unitaria, apareciendo diferentes tradiciones locales y escuelas teológicas, como las de Shuruppak, Nippur, Eridu, Uruk o Lagash. La mezcla posterior de sumerios y acadios dio lugar a un elaborado panteón con genealogías, cuyo objetivo era ofrecer una síntesis unitaria. Sin embargo, las tradiciones locales continuaron existiendo y desarrollándose, pese a los intentos de Sargon y su hija, la sacerdotisa de Ur Enkheduanna, por evitarlo y favorecer la integración.
El panteón sumerio-acadio contenía hasta 3600 divinidades, organizadas en tríadas y binas con importancia diversas según la ciudad-estado. Existía una tríada principal, formada por An, dios del Cielo y padre de los dioses; Enlil, deidad del Viento; y Enki, -los acadios le llamaron Ea-, señor de la sabiduría.

Una segunda tríada, de carácter astral, la integraron Nannar o Zuen -más tarde llamado Sin-; dios de la Luna, Utu o Babbar, señor de la justicia y el oráculo; e Inanna -que los acadios llamarán Ishtar-, diosa del amor y la guerra, identificada con el planeta Venus. Todas estas deidades tuvieron su correspondiente esposa o esposo e hijos, además de una posición jerárquica determinada. A las deidades se les solía asociar algunos animales a modo de atributos.

Otros dioses estaban en conexión con las fuerzas naturales, como Ninkhursag -también llamada Ninmakh, Señora de la montaña, relacionada con la agricultura; Nanshe, intérprete de los dioses y regidora de canales y aguas; Ningirsu, deidad de la tempestad, relacionado con la guerra; Nisaba, diosa de los cereales y la escritura; Adad, dios del trueno y la tormenta, y Dumuzi, señor de la vegetación, muy presente en numerosos mitos junto con Inanna, posiblemente su esposa.

Algunos dioses del panteón sumerio-acadio fueron específicamente acadios, como Dagan, Wer, Zababa, Ishum y Erra. El colectivo de dioses celestiales fue llamado Igigu, al que se contraponían los dioses del inframundo, llamados colectivamente Anunnaki.

También fueron divinizados en vida algunos gobernantes, como Sargón, Rimush o Naram-Sin, una costumbre que permanecerá en la etapa neosumeria con la divinización de Shulgi y el culto a Gilgamesh, Lugalbanda, Mesilim y Gudea.

Aparte de dioses, los sumerios creyeron en la existencia de un complejo mundo espiritual habitado por seres protectores, como las Lama, el mensajero Paku o el buen Udug. Pero también había demonios, como Ala, Mashkim, Galla, Namtar, etc. Ellos son los causantes de enfermedades y males, y para eliminar su acción creían preciso recurrir a rituales de exorcismo, prácticas mágicas, etc., bajo la dirección de especialistas religiosos.

Sacerdocio y culto

El culto familiar entre sumerios y acadios pronto pasó a estar bajo la tutela de una ciudad y, en un proceso expansivo, en Nippur se concentraron todos los dioses, a modo de gran santuario nacional. En las ciudades, el culto a los dioses se realizaba en templos o santuarios (esh), algunos de los cuales llegaron a formar auténticos complejos religiosos, con varios edificios, estructuras y una torre escalonada. Sólo reyes y príncipes podían ordenar su construcción.
El clero fue muy numeroso y detentó una gran importancia social, política y económica, dirigiendo las labores productivas y comerciales. Normalmente el estamento sacerdotal lo integraban familiares del gobernante y estaba sujeto a una escala jerárquica muy rígida. Existieron tres grandes categorías de sacerdotes (sanga, nubanda, sabrá) que controlaban los asuntos administrativos de los templos. Por debajo de ellas había otros cargos de específica función religiosa, como el en, elegido mediante un rito adivinatorio, ishib, gudu, gala, ushku, mashshusu, mashmash y abgal. El sacerdocio femenino estaba integrado por las nindingir, cargo que recaía en las hijas de los reyes, que eran auxiliadas por las salme y las nugig.

Cultos y ceremonias estuvieron escrupulosamente regulados y en ellos tuvieron cabida libaciones de agua, kish, vino o aceite y sacrificios de todo tipo, música, cantos, danzas, etc. Las prácticas adivinatorias se realizaban leyendo vísceras animales y, si éstas realizaban propicias, podía comenzar la ceremonia.

Fueron numerosas las fiestas que los sumerio-acadios celebraban. Motivo de fiesta era la construcción de un templo, la entronización de un gobernante, las victorias en la guerra o la cosecha. No obstante, fueron dos las festividades más importantes. La primera fue el año nuevo - zagmu, para sumerios, akitu, en acadio-, festividad en la que se sacrificaban animales, se procesionaba y se celebraba el rito del matrimonio sagrado. Éste, importantísimo, consistía en los esponsales celebrados entre Dumuzi e Inanna, representados por el rey y la sacerdotisa. Su significación era específicamente agrícola, pues se esperaba que con este rito se renovara el ciclo natural de plantas y animales. La segunda gran fiesta -esh-esh- se celebraba en casi todas las ciudades sumerias y tenía que ver con el ciclo lunar.
Fuente: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/7575.htm
http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/7576.htm

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