lunes, 2 de septiembre de 2013

Plinio el viejo

(Cayo Plinio Segundo; Comum, hoy Como, actual Italia, 23 - Stabies, hoy Castelllammare di Stabia, id., 79).
Gayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, fue un escritor latino, científico, naturalista y militar romano de gran reputación en la época (año 23-79). Sus ideas eran reverenciadas y se mantuvieron sobre largo tiempo. Por ejemplo, su Historia natural, donde registraba unas 20.000 entradas sobre todo tipo de temas y reseñaba más de 2.000 libros anteriores, se mantuvo como fuente de autoridad del conocimiento universal hasta bien entrado el siglo XVI
A pesar de que muchas de ellas eran completas locuras.


Escritor latino de cuyas obras se conserva su Historia natural, obra enciclopédica que durante la Edad Media fue considerada máxima autoridad en materia científica. Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania, que habría de durar doce años. Llegó a ser comandante de caballería antes de regresar a Roma, en el año 57, para entregarse al estudio y el cultivo de las letras. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Agudo observador, fue autor de algunos tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidas. Únicamente se conserva su Historia natural (77), que comprende 37 libros y está dedicada a Tito. Escrita en un lenguaje claro y con un rico vocabulario, contiene gran cantidad de información sobre las más diversas disciplinas y constituye un importante tratado enciclopédico que recopila todo el saber de la Antigüedad.
 

Constituyen una preciosa fuente de información sobre la vida de Plinio el Viejo algunas cartas de su sobrino Plinio el Joven, aparte de las noticias que pueden extraerse de su obra más importante y de la breve biografía seudo-suetoniana que la antecede en los códices. Como muchos jóvenes de la burguesía itálica, Cayo Plinio Segundo marchó pronto de la provincia a Roma para continuar sus estudios y emprender una profesión. Había entrado hacía poco en la abogacía cuando hubo de abandonar la capital para cumplir el servicio militar de levas en Germania, donde, entre los años 47 y 51, sirvió en la caballería a las órdenes de Domicio Corbulón. 

Nada sabernos de su carrera en los años siguientes, pero es probable, como se deduce de una alusión de su sobrino, que se mantuviera alejado de la vida pública por hostilidad al gobierno y a la Corte neronianas. Recibió, en cambio, importantes cargos de confianza, en reconocimiento a su capacidad, en tiempos de Vespasiano y de Tito. Según una ingeniosa reconstrucción, no siempre apoyada en documentos, habría sido procurador en la Galia Narbonense (69?), en la provincia de África, y luego en España (73) y en la Galia Bélgica (74); pero mientras la "procuratio" en la España Tarraconense (aun siendo incierta la fecha) está comprobada por una alusión autobiográfica, las otras continúan siendo hipotéticas. 

El propio Plinio afirma, en cambio, que fue "contubernalis" de Tito, muy verosímilmente como oficial de estado mayor en Palestina; esta noticia hace más aceptable un testimonio epigráfico (de lo contrario bastante incierto) que le atribuye la "procuratio" en Siria. Ésta sería, pues, la primera ejercida por él, y podría situarse en la época de los tumultos producidos en aquella provincia durante la guerra judaica (70). Sabemos además que en sus últimos años solía dirigirse cotidianamente, antes de salir el sol, al palacio del emperador Vespaiano (aunque él solía trabajar de noche), quizá en calidad de consejero privado. 

Plinio el Viejo era prefecto de la flota en Puerto Miseno cuando, en el año 79, encontró la muerte en la famosa erupción del Vesubio que destruyó y sepultó Pompeya y Herculano. La última jornada de su tío es narrada con muchos detalles por Plinio el Joven en una famosa carta a Tácito (Epístolas, VI, 16): a la una de la tarde, su hermana le llamó la atención sobre una gigantesca nube de forma extraña que apareció en el horizonte. Lleno de curiosidad, se disponía a subir a una embarcación ligera para estudiar el fenómeno de cerca cuando le llegaron las primeras peticiones de socorro. Hizo entonces echar al mar los cuadrirremes para poner a salvo al mayor número posible de personas, y se dispuso a dirigirse al lugar de peligro, en el fondo del golfo. Desde cubierta no cesaba de hacer observaciones sobre el importante y pavoroso fenómeno, dictando notas a su escribiente. 

Habiendo atravesado el golfo bajo una lluvia de cenizas y casquijos de lava, y siendo ya inaccesible la costa de Herculano y Pompeya, llegó a Stabia, a casa de su amigo Pomponiano, y descansó allí tranquilamente, después de haberse bañado y de haber cenado. Pero a la mañana siguiente, cuando también aquella pequeña ciudad fue atacada de lleno por la furia del volcán y todos trataban de ponerse a salvo en el mar, Plinio, al llegar a la playa, cayó atacado de un colapso cardíaco, abrumado por los vapores sulfúreos que contaminaban el aire. 

Tras su fallecimiento, el resto quedó reunido en 160 legajos llenos de apretada escritura. "Acre ingenium, incredibile studium, summa vigilantia": éstas son las grandes dotes que exalta en él Plinio el Joven.

En esa misma carta nos da Plinio el Joven el catálogo completo de las obras de Plinio por orden cronológico. Durante el servicio militar en Alemania escribió el pequeño tratado De iaculatione equestri, fruto de su experiencia directa. En memoria de un amigo, poeta trágico que había sido también compañero de armas, compuso en los primeros años después del 50 la biografía en dos libros De vita Pomponi Secundi. Los Bellorum Germaniae libri XX, que lo tuvieron ocupado durante mucho tiempo (47-54?), contenían la relación de todas las guerras de los romanos en Germania y fundamentalmente tenían por objeto celebrar la memoria de Druso y de Germánico. 

A esta obra le siguieron (alrededor del año 60) los tres libros del Studiosus (distribuidos, sin embargo, en seis volúmenes a causa de su notable extensión), en los que Plinio el Viejo daba consejos concernientes a los estudios y a la preparación del orador; de los últimos años del principado de Nerón (65-68) son los Dubii sermoniis libri VIII, que trataban de cuestiones gramaticales. Los treinta y un libros de A fine Aufidii Bassi, escritos entre los años 68 y 77, constituyen una historia cuyos límites cronológicos exactos no conocemos (quizá, si a cada año estaba dedicado un libro, del 41 al 77), pensada como una continuación de la historia aufidiana; en ella Plinio el Viejo se proponía exaltar a los Flavios en contra de la dinastía Julia-Claudia, que había dejado un triste recuerdo con su último representante, Nerón. 

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